Autor: Miguel Ruiz de Castilla
18 de abril de 2015
Lima - Perú
RESUMEN
Este artículo describe la creencia ampliamente difundida de la predisposición de las personas afro descendientes al ejercicio de labores médicas, curativas y preventivas. Las facultades taumatúrgicas de las personas de raza negra, aún pervive a pesar del transcurrir de los siglos.
ABSTRACT
This article describes the widespread belief predisposition of people of African descent to the exercise of medical, curative and preventive work. The thaumic powers of black people, still survives despite the passing of centuries.
El 5 de abril de 2015, en un diario de Lima (Perú),
aparece un interesante reportaje sobre un párroco camerunés Paulin Joachin
Kanemi (40) de los hermanos de la Congregación de los Hijos de la Inmaculada
Concepción y que está a cargo de una parroquia de Santa Eulalia, zona andina de
Lima. El reportaje dice lo siguiente: “…
Una larguísima fila de gente, a la espera de víveres, acaba de deshacerse ante
la presencia de un hombre. Muchas madres, con sus hijos en brazos o amarrados a
sus espaldas, se le acercan. -Padrecito, cargue a mi hijito, por favor- .-Al
mío también, bendígamelo que está decaído–. Las voces se multiplican. Todas
piden lo mismo: que aquel hombre negro y macizo, de cabello al ras y lentes
gruesos, sujeta por unos instantes a sus bebés y, de paso, les dibuje una cruz
imaginaria en la frente”[1].
El relato no pasaría de una anécdota más para este hombre de fe, en medio de un
país extraño para él. Sin embargo, lo que sorprende es la explicación que él
mismo párroco manifiesta sobre esta peculiar acogida de la gente, y que el
sorprendido reportero cita textualmente: “Existe
la creencia de que cuando alguien de raza negra carga a un bebé se cura o ya no
se vuelve a enfermar”[2].
Sin proponérselo, el párroco recoge una tradición
cultural andina que coincide curiosamente también con una larga tradición
europea: la de considerar a los afro descendientes como especialmente dotados
para la sanación y la suerte.
Antes de la llegada de los europeos a tierras
americanas, ya existía la creencia de los efectos curativos de los animales
oscuros o negros, dentro del chamanismo el cuy negro cumple aquella función
curativa y es una tradición que aún pervive. Durante siglos en Europa se
consideró a las personas negras como hábiles sanadores, naturalmente dispuestos
para esta labor. Había múltiples explicaciones para esta preferencia, por
ejemplo que la temperatura de las manos de los afro descendientes era mayor que la
normal y que eso contribuía a aliviar dolores y prevenir la agravación de los
males. Por muchos años la labor de médico fue monopolizada por hombres de raza
negra, también las personas dedicadas a flebótomos (sangradores por
sanguijuelas) y hueseros fueron negros. Despectivamente, antes del nacimiento de
la disciplina científica, la labor de la medicina era propia de barberos, como se menciona persistentemente en las crónicas
de época.
En el Perú, la medicina científica convivió por
muchos años con esta medicina popular a la que la mayoría de la población
recurría. En 1787 surge la figura de Hipólito Unanue quien gana por oposición la
cátedra de Anatomía de la entonces Real Universidad de San Marcos; aun no
existía el Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Fernando que fue
inaugurado recién el año 1808 gracias al impulso del propio Unanue con la ayuda
del Virrey Abascal[3].
Una figura que destaca en esos años es el Dr. José Manuel
Valdez (Lima 1767-1843) según muchos de raza negra, aunque otros lo han
identificado como “hijo de indio con mulata libre”[4],
médico especialmente talentoso que sólo pudo estudiar latinidad en el exclusivo
Real Colegio de San Ildefonso gracias a la protección de un matrimonio español;
practicó medicina con el célebre Cosme Bueno y en mérito a ello fue aprobado
como Cirujano Latino (1788); todo ello fue el inicio de una carrera de logros
como el ser colaborador habitual del Mercurio
Peruano y ser aprobado para rendir pruebas para ser incorporado a la
docencia; ser miembro de la Real Academia de Medicina de Madrid (1816).
Suscribió el Acta de Independencia (1821) y fue miembro de la Sociedad Patriótica; culminó su larga
carrera siendo Protomédico General de la República (1836), Director del Colegio
de Medicina (1840); murió el 29 de diciembre de 1843)[5].
Cabe mencionar en un lugar especialísimo el caso de
nuestro San Martín de Porres, quien ejerció de enfermero menor durante 30 años en la enfermería del Convento
Dominico de Nuestra Señora del Rosario; Fray Martín siempre vivió adscrito a la
enfermería conventual, más por ser sólo hermano
donado, nunca pasó de ser enfermero
menor. Es claro que San Martín sobrepasó sus labores de enfermero menor, se esmeró especialmente
con los enfermos dolientes y menesterosos sin descuidar sus deberes de cuidado
de los religiosos enfermos. Se le recuerda atendiendo a pobres, blancos, indios
y negros menesterosos en la portería falsa del Convento, donde cobró fama de
caritativo, atendiendo a mucha gente que lo buscaba de manera devota[6].
En la elección de su labor médica y curativa, además de su indiscutible vocación
santa, puede haber contribuido en algo su condición de mulato.
Finalmente, hoy en día pocos podrían aducir que los
afro descendientes poseen esta especial predisposición a la curación, o que
tienen dotes taumatúrgicas, sin embargo la tradición y la milenaria cultura que
la sustenta, ejercen aquella impronta que casos parecidos como el que
mencionamos al principio, las actualiza de vez en cuando.
Dos instantáneas del párroco camerunés Paulin Joachin Kanemi de los hermanos de la Congregación de los Hijos de la Inmaculada Concepción, en la comunidad andina de Santa Eulalia (Lima . Perú) (1)
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[1] Revista Domingo del diario La República, “Un pastor
venido de África”, Renzo Gómez Vega (reportero), Renato Pajuelo (fotógrafo),
Lima, Perú, 05 de abril de 2015, páginas 12-13.
[2] Revista Domingo del diario La República, “Un pastor
venido de África”, Loc.Cit.
[3] José Neyra Ramírez,
Imágenes Históricas De La Medicina Peruana, Capítulo XXV: Doscientos Años
de Medicina Peruana Una sinopsis, extractado de: http://sisbib.unmsm.edu.pe/bibvirtual/libros/medicina/ima_histo_med_per/cap_25.htm
[4] Tenemos una única imagen del Dr. José Manuel Valdez
por la extraordinario pincel del igualmente ilustre acuarelista Pancho Fierro,
quien lo muestra con sombrero, capa y bastón, tal y como se vestían los
doctores de barrio.
[5] Tauro del Pino, Alberto, Enciclopedia Ilustrada del Perú,
PEISA 2001, Tomo 17, páginas 2678-2679.
[6] Busto Duthurburu, José Antonio, San Martín de Porras, Fondo Editorial de la Pontificia Universidad
Católica del Perú, pag. 115-117